Ganar el Balón de Oro requiere una temporada extraordinaria. Perderlo de una manera que la gente sigue discutiendo diez años después requiere algo más raro todavía: una temporada tan buena que debería haber sido imbatible, arruinada por el momento, por un compañero de equipo, o por un resultado que nadie vio venir. Estos cuatro no solo se quedaron afuera del primer puesto — quedaron tan cerca que el sobre del segundo lugar se convirtió en la noticia.
1. Los tres terceros puestos seguidos de Xavi, bajo dos sistemas de votación distintos
Entre 2009 y 2011, el conductor del mediocampo del Barcelona terminó tercero en la votación del Balón de Oro tres años seguidos — siempre detrás de Lionel Messi. El resultado de 2009 llegó bajo el viejo Balón de Oro de France Football, solo con periodistas, con Messi sacando 473 puntos contra los 233 de Cristiano Ronaldo y los 170 de Xavi. Los resultados de 2010 y 2011 llegaron bajo el recién creado FIFA Ballon d'Or, votado por técnicos y capitanes de las selecciones junto a periodistas — un electorado completamente distinto — y en ambos años Xavi también terminó detrás de su propio compañero Andrés Iniesta. Manejó la sala de máquinas de un Barcelona que ganó dos Champions League y un histórico sextete en ese tramo, marcando el ritmo de una manera que ninguna estadística individual llegó a reflejar del todo. Dos sistemas de votación distintos, un mismo resultado: tercero, siempre.
2. Iniesta, y lo más parecido a un arrepentimiento oficial
Andrés Iniesta terminó segundo detrás de Messi en el FIFA Ballon d'Or de 2010 — el año en que marcó el gol que le dio a España el Mundial, en los minutos finales del alargue contra Países Bajos, además de la liga con el Barcelona. Terminó tercero en 2012, bajo el mismo formato de premio fusionado. Iniesta nunca ganó el Balón de Oro, y en 2018 el propio director de France Football, Pascal Ferré, lo dijo sin vueltas: "Perdonanos, Andrés. Para nosotros no fue solo un jugador, fue el jugador. Sus sacrificios por el equipo terminaron privándolo de un mayor reconocimiento individual". No es una decisión revertida — ningún voto se recontó nunca — pero es lo más cerca que estuvo la revista que entrega el trofeo de admitir que un resultado se sintió injusto.
3. La única chance de Sneijder, y no alcanzó
Ningún jugador tuvo jamás un caso individual más fuerte en una sola temporada que Wesley Sneijder en el FIFA Ballon d'Or de 2010, y ningún jugador terminó jamás más lejos del trofeo a pesar de eso. Sneijder ganó el triplete continental con el Inter — Serie A, Coppa Italia y Champions League — como el motor creativo del equipo de José Mourinho, y esa misma temporada llevó a Países Bajos a la final del Mundial. Con el electorado de ese año, de técnicos, capitanes y periodistas, terminó cuarto, detrás de Messi, Iniesta y Xavi. Sigue siendo la única vez en su carrera que entró entre los diez primeros de la votación, lo cual dice bastante sobre lo alta que estaba la vara en un año ya saturado por el núcleo del Barcelona.
4. El podio de Griezmann que igual se sintió como una derrota
Para la mayoría de los estándares, terminar tercero en el mundo es la cima de una carrera, no un robo. Pero 2016 fue el año en que Antoine Griezmann llevó a Francia a la final de una Eurocopa jugada de local y al Atlético de Madrid a una final de Champions League, y aun así vio a Cristiano Ronaldo ganar el Balón de Oro ya vuelto a ser solo de periodistas por un margen de puntos récord sobre Messi, segundo — con Griezmann tercero. Un jugador puede tener probablemente el mejor torneo individual del año, quedar a un paso de dos títulos grandes con club y selección, y aun así terminar como nota al pie cuando la votación se reparte entre dos jugadores que juegan en otro plano histórico.
La excepción que hace que duela más
Vale la pena recordar que estos cuatro no peleaban en una categoría imposible de ganar. Franz Beckenbauer ganó el Balón de Oro dos veces, en 1972 y 1976, y se convirtió en el primer defensor en llevarse el premio, demostrando que un jugador que no fuera delantero podía dominar la votación de manera directa, sin repartirla con un compañero más vistoso. Por eso Xavi, Iniesta y Sneijder duelen tanto: el trofeo nunca estuvo reservado para delanteros o extremos. Se lo llevaba quien los votantes acordaran, casi sin fisuras, que era el mejor — y en estos cuatro casos, los votantes simplemente no lograron ponerse de acuerdo, porque había un segundo (o un tercer) jugador con la misma camiseta, o en el mismo continente, con un caso igual de fuerte.
Desde el archivo
Lo que conecta a los cuatro no es tanto la mala suerte como el mal momento: cada uno tuvo su pico en temporadas que coincidieron con un rival genuinamente generacional, o repartió votos con un compañero igual de bueno. La lección para cualquiera que discuta hoy la lista corta es la misma que estos cuatro aprendieron de la peor manera — ser la mejor historia del año y ser el mejor jugador según los números no siempre son la misma categoría, y el Balón de Oro nunca premió más que una de las dos.
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